viernes 28 de octubre de 2005

Murphy era informático.

(Transcripción de un artículo mío publicado en una revista profesional. Espero que os guste. Habla de mi trabajo.)

Quien más y quien menos conoce las Leyes de Murphy: una colección informal y jocosa de agudas observaciones sobre hechos cotidianos que, para nuestra desgracia, suelen cumplirse irremisiblemente. Se basan en un principio básico: “si algo puede fallar, fallará”. Partiendo de dicho precepto, la casuística es casi infinita y aplicable a cualquier faceta de la vida: “nada es tan fácil como parece serlo”; “todo tiene necesidad de más tiempo del que usted piensa”; “si existe la posibilidad de que varias cosas puedan salir mal, saldrá mal aquella que cause el mayor daño"; “siempre que se disponga a hacer algo, habrá antes algo más importante que hacer”; “cada solución genera nuevos problemas”; “es imposible hacer algo a prueba de tontos, porque éstos son muy ingeniosos”, y así sucesivamente. Pero si hay alguna actividad en la que tan optimistas Leyes son casi infalibles, es sin duda la Informática. He aquí algunos ejemplos ilustrativos:

- "Los errores imposibles de descubrir en un programa son infinitos en su variedad, en contraste con los detectables que por definición son limitados."
- Ley de la falta de fiabilidad: “Errar es humano, pero, para liar las cosas de verdad, hace falta un ordenador.”
- “Cualquier programa dado se expandirá para llenar toda la memoria disponible en la computadora.”
- “La maldición es el lenguaje que mejor conocen los informáticos.”
- “Cuando archive algo en la memoria, acuérdese de dónde lo guardó.”
- “Bajo las condiciones mas rigurosamente controladas de presión, temperatura, volumen, humedad y otras variables, el ordenador hará lo que le dé la gana.”
- “De todas las cosas que se pueden hacer con un ordenador, las más inútiles son las más divertidas.”

Todo ello nos hace pensar que el tal Murphy bien podría pertenecer al numeroso y nunca bien ponderado gremio de los informáticos. No en vano, el creador de tales elucubraciones es Arthur Bloch, un estadounidense que diseña sitios Web y que ha vendido millones de libros sobre el tema. Cabe entonces preguntar: ¿qué tiene de particular la Informática que, sin solución de continuidad, puede pasar de ser bendición tecnológica a pesadilla insufrible?. El presente artículo pretende reflexionar de forma distendida y no exhaustiva sobre lo que ocurre con estos “malditos cacharros” denominados ordenadores, así como ofrecer unos sencillos consejos para sobrevivir dignamente en la jungla digital.

La experiencia de usuario.

“Si un programa es útil, por algún motivo deberá cambiarlo.”

La relación entre la tecnología y el usuario es muy amplia y directa. De esa relación se deduce una barrera entre ambos que determinará, en muchos casos, si la experiencia de usuario ha sido satisfactoria o no. Efectivamente, la tecnología y los límites de ésta han condicionado mucho la forma en que el ser humano interactúa con la máquina. Una tecnología correctamente aplicada puede mejorar notablemente la “amigabilidad” del sistema. Es en este punto donde se considera el concepto de interfaz, entendida como el medio a través del cual el usuario tiene acceso a dicho sistema. Su propósito es, pues, hacerlo usable. Sin embargo, mientras que gran parte de nuestros instrumentos y electrodomésticos cotidianos tienen como cualidad más destacable su usabilidad, todavía no ocurre lo mismo con los ordenadores. Podemos apuntar de forma muy breve algunos motivos:

· Son complejos y tienen gran probabilidad de fallos.
· Son, en general, feos y poco ergonómicos.
· Son acaparadores de sentidos.
· No arrancan en frío.
· Su portabilidad es aun muy mejorable.
· Carecen de verdaderos estándares.
· Sus precios son todavía elevados.
· Los problemas técnicos deben ser resueltos por el propio usuario.

Donald A. Norman, Director del Instituto de Ciencias del Conocimiento de la Universidad de San Diego en California, trata este asunto en un excelente artículo titulado “Por qué las Interfaces no funcionan”, y comenta: “No quiero enfocar mis energías en una interfaz. Quiero enfocarme en la tarea. Mi herramienta debe ser simplemente algo que ayude, y sobre todo, algo que no atraiga atención ni energía sobre sí misma. Cuando uso mi ordenador, quiero pensar que estoy haciendo mi trabajo”.
El resultado de todo lo apuntado es que sigue existiendo una enorme brecha entre la “gente normal”, es decir, la gran mayoría de personas que requieren pocas y sencillas funcionalidades, y los “usuarios avanzados” de ordenadores e Internet, que son aquellos pocos capaces de utilizar y disfrutar sin problemas de todas sus prestaciones. La solución pasa por simplificar los dispositivos y hacerlos realmente útiles y amigables, esto es: pensar en otros usos, otros precios y otros usuarios. Sólo así se podrá alcanzar el grado de evolución en diseño y facilidad de uso que poseen otros electrodomésticos (por poner un veterano ejemplo, la radio).

La pesadilla tecnológica o cómo ser una “fashion victim”.

“Cualquier programa dado, al ejecutarlo se vuelve obsoleto.”

La revolución tecnológica que se inició con las comunicaciones y culmina hoy con la informática, se ha convertido en el motor del mundo industrializado. La realidad parece acelerarse de forma exponencial bajo ese empuje. Los cambios son incesantes: lo que ayer era ultramoderno, hoy es una antigualla. Buscamos lo más nuevo, lo más rápido, lo más potente. Nuestro flamante Pentium XXX, con varios Gigabytes de memoria, tarjeta gráfica superacelerada y Regrabadora ardiente de DVD a doble capa, será al cabo de pocos meses un cacharro arqueológico para mucha gente. A esta rápida obsolescencia contribuye también el software. Los programas exigen cada vez más de los sistemas: más memoria, más disco duro, más procesador, más, más y más... Acumulan funcionalidades que sólo utilizará un pequeño porcentaje de usuarios.

Estamos cayendo, pues, en una preocupante dependencia tecnológica. Creemos que sólo la tecnología será capaz de solucionar todos nuestros problemas. Y cuanto más moderna sea ésta, mucho mejor. A este respecto, Frank E.X. Dance, profesor de Estudios de la Comunicación Humana de la Universidad de Denver, apunta el efecto que esta "fiebre" está teniendo ya sobre nosotros:

· Somos más flojos y descuidados.
· Somos más impacientes.
· El exceso de rapidez nos impide analizar la realidad.
· Nos hace víctimas, tanto social como económicamente.

Devorados por la fauna digital

Ley de Lubarsky sobre la entomología cibernética: “Siempre quedará algún virus.”

Para completar el panorama de eventuales penalidades del sufrido usuario de ordenadores, no podemos olvidarnos de los virus, es decir, aquellos programas diseñados para autoreproducirse de forma subrepticia en un ordenador o red informática con diversos fines, tanto lícitos como ilícitos: desde investigación de vulnerabilidades y programación recreativa, hasta puro gamberrismo, robo de información, destrucción de equipos, etc. Estos microorganismos digitales son, a su vez, "hijos" de otras criaturas más o menos maliciosas situadas en una escala evolutiva que se cree superior: los llamados hackers, crackers, e individuos similares.

Hay muchos tipos de virus, cada uno con su forma específica de actuación: gusanos, troyanos, bombas lógicas, virus de macro, etc. Existen incluso falsos virus o hoaxes, productos de ingeniería social que utilizan nuestra credulidad o ignorancia tecnológica para hacernos creer (usualmente mediante el correo electrónico) en la aparición de supuestas infecciones víricas, proponiéndonos una serie de acciones que van desde el borrado de archivos vitales del sistema hasta el reenvío masivo de correo, saturando con ello la red.

Una pequeña guía de supervivencia.

Ante tanta dificultad, es fácil caer presa de la frustración o del enojo más furibundo. Todos nos hemos sentido alguna vez tentados de aporrear nuestro ordenador o de lanzarlo por la ventana más cercana. Sin embargo, cuatro sencillos consejos pueden servirnos para disfrutar de una experiencia menos traumática:

1. Sentido Común.
Puede parecer una tremenda obviedad, pero en Informática se trata de una recomendación vital: ante la duda, reflexionar y no experimentar, salvo que tengamos espíritu aventurero y no nos importe perder tiempo, datos y dinero. La preparación y la información son fundamentales. Siempre debemos confiar en fuentes solventes (profesionales, revistas especializadas, foros de seriedad contrastada, etc.) y no en los típicos "manitas" o "gurús" que ofrecen soluciones milagrosas.

2. Seguridad.
Todo ordenador debería tener instalados un programa antivirus y un cortafuegos, legales por supuesto. Esto se convierte en una obligación cuando estamos conectados a Internet. No cumplir con ello significa dejar nuestro equipo expuesto a la intrusión ajena. La seguridad también implica realizar salvaguardas periódicas de nuestros archivos y ser discretos en el uso y difusión en la red de cualquier dato de carácter personal.

3. Actualización del hardware.
Sólo deberíamos renovar nuestro equipo cuando necesitemos hacer algo que no podamos efectuar con el actual. Si, por cualquier razón, no podemos permitirnos más que cambios puntuales, casi siempre es recomendable empezar por un aumento de la memoria RAM del ordenador.

4. Actualización del software.
Si los programas instalados en nuestro ordenador funcionan normalmente y podemos seguir trabajando con ellos sin las prestaciones ofrecidas por sus nuevas versiones, no deberíamos actualizarlos hasta que problemas como la compatibilidad o la carencia de soporte técnico nos obliguen a ello.

A modo de conclusión, quisiera resaltar dos hechos que se me antojan irrefutables: en primer lugar, hagamos lo que hagamos, nuestros ordenadores y aplicaciones envejecerán a una velocidad tan vertiginosa que imposibilitará su permanente actualización. Nuestro reto consistirá, como ya se ha dicho, en compatibilizar lo que tenemos con lo que necesitamos. En segundo lugar, y a pesar toda nuestra capacidad de previsión, siempre existirá (insisto: siempre) una Ley Informática de Murphy dispuesta a aguarnos la fiesta.

Alea jacta est.

7 comentarios:

Gracias por tu guía de supervivencia.
Yo pienso, al igual que tú, que no podemos someter toda nuestra vida a la revolución tecnológica pero sin embargo no entiendo a aquellos que se niegan rotundamente y le cierran las puertas a las nuevas tecnologías y no ven ningún tipo de utilidad en ellas. Todo un error.

30/10/05 4:46 PM  

Se me ocurre una pequeña reflexión derivada del artículo, si me permites; y es que realmente la informática, como todo lo que nos rodea está muy sujeto a la mercadotecnia y, en el noventa y ocho por ciento de las ocasiones las «necesidades de algo más rápido o moderno» no son más que una mera cuestión subjetiva incitada por las grandes casas de distribución de aplicaciones o «hierro» (no por los auténticos creadores del soft). De ahí la necesidad de tantos cambios. Las herramientas realmente fiables (a mi juicio) son aquellas en las que tanto software como hardware están plenamente integrados (dígase Solaris, Mac Os, UX específicos…) y sí, como dices en tu artículo, las herramientas o aplicaciones informáticas no deberían de atraer tanto la atención sobre sí mismas (entiéndase interfaz) como sobre su funcionalidad y fin. Ello nos ahorraría a todos muchas, muchas horas mirando tontamente a la pantalla (aunque también es cierto que la era de los manuales y conocer la aplicación ha sido sucedida por la de «encuentra el botón que lo haga»).
Un interesante artículo. Saludos, Rythmduel.

31/10/05 11:05 AM  

De acuerdo con tu opinión Gw.

Muy oportunos y enriquecedores tus comentarios, Attica, que comparto totalmente, especialmente cuando te refieres a la estrategia mercantilista de las grandes compañías distribuidoras, interesadas en provocar la continua necesidad, en generar modas y dependencias. Muchas gracias.

31/10/05 8:58 PM  

(Ya sabes que yo ya disfruté en su día con este artículo).

La cita de estos días es buenísima, sobre todo lo de "El pasado esplendor agobia y, para colmo, agosta las voluntades; y sin voluntad, a lo que se ve, y dedicándose a contemplar las pretéritas grandezas, mal se atiende a los problemas de todos los días.".
Por cierto, corrige lo de "consefárselo"...

Un abrazo.

1/11/05 4:36 PM  

Gracias por desvelarme el gazapo. Lo corrijo ahora mismo. Y sí, es un cita fantástica, mucho más teniendo en cuenta cuando fue escrita.

1/11/05 9:58 PM  

interesante guía sobre las leyes de murphy, si señor, currada hasta los máximos.

15/7/08 12:28 PM  

Muchas gracias, ozu, y un saludo.

15/7/08 12:33 PM