jueves 26 de julio de 2007

Árbol Amanda


Ayer estuvimos pasando el día en los Chorros de Navafría con unos buenos amigos. Fue una jornada redonda: poquísima gente, el punto justo de calor y una tranquilidad espectacular. Sólo nosotros y el sonido del arroyo, el rumor de la brisa en el bosque y la risa de los niños chapoteando en las heladas piscinas naturales. Lugar de conversaciones en voz queda, de silencios compartidos, de lecturas y de siestas en la hierba bajo la sombra olorosa de un árbol.

A media tarde abrí los ojos tras un corto sueño. Estaba rodeado de imponentes pinos, que parecían convocados a mi alrededor para la ocasión. Me quedé tumbado un buen rato boca arriba contemplándolos, escuchándolos. Me sentí como un hobbit en la tierra de los Ents; un menudo advenedizo y demasiado apresurado para valorar su enormidad. Me dio por pensar en mi vida y en la velocidad con la que transcurre; en el amor por mi familia (Itziar, feliz y congelada en el río, María José, bella y relajada a mi lado); en la necesidad de grabar a fuego cada uno de esos instantes irrepetibles y (válgame Dios) en la fugacidad de mis vacaciones...

También me acordé de Amanda.


Un árbol recién descubierto es, en principio, un ser estático y bello. Confiere seguridad, sombra, protección, consistencia. Sin embargo, para apreciarlo de verdad se requieren ojos y corazón pacientes; sólo entonces seremos partícipes de sus avatares. Lo veremos reverdecer y amarillear, enfermar, acoger otras vidas y echar nuevos brotes. Compartiremos su esplendor y sus miserias. Sufriremos con sus heridas y nos robusteceremos con sus calladas victorias. Veremos tal vez como arde por el rayo o el hombre y como finalmente el verde consigue quebrar la negra ceniza, persiguiendo con terquedad la vida. Sin darnos cuenta habrán pasado meses o años, en los que habremos envejecido juntos. Y de repente nos maravillaremos por su altura, configuración o robustez; reconoceremos en su veterana corteza nuestras propias cicatrices y lo consideraremos hermano para siempre.

Así me siento yo con el blog de mi amiga. Ya son casi tres años de convivencia discreta y reconocimiento mutuo. Mi árbol Amanda ha crecido mucho desde entonces, se ha hecho frondoso e intrincado. Ha superado enfermedades, tormentas y demás vicisitudes. Pero ahora luce más sabio; echa unos frutos dulces y sabrosos que sólo los más constantes sabrán disfrutar como sin duda merece.

12 comentarios:

oki pero un dia lo van a talar

26/7/07 7:49 PM  

Oye, que lugar tan maravilloso y apacible describes!! Dan unas ganas enormes de estar ahi!! Que bueno que puedas compartir momentos asi con la familia, como tu dices, uno quisiera grabar esos momentos a fuego.
Saludos

26/7/07 9:03 PM  

Disfruté de cada palabra de la primera parte de tu post, Rythmduel, y luego..., luego llegó la sorpresa. Recuerdo haber descubierto a Amanda poco antes de un formateo forzoso del ordenador. Como no lo esperaba, hubo muchas cosas que perdí, entre ellas, direcciones de blogs que visitaba o tenía intención de visitar, ordenaditos en carpetas: blogs imprescindibles, otros blogs, blogs por investigar... uno de los perdidos fue el de ella, ahora la recupero -cómo olvidar París :) y me alegro mucho de ello. Gracias Rythmduel!!! Besote!!!

26/7/07 9:24 PM  

No entiendo tu comentario, ryoma. No llego a captar la gracia, si posee alguna, o bien si tienes algo en contra de Amanda.

Gracias helene y lludria. En efecto, el lugar es perfecto (os lo recomiendo) y Amanda una referencia ineludible, al menos en mi caso. Un beso.

26/7/07 9:30 PM  

Corazón, yo no sé qué decir. Pero algo diré, puedes estar seguro. :)

Un beso grande.

26/7/07 11:25 PM  

No hay nada que decir, querida amiga...

27/7/07 12:07 AM  

En cuanto tenga un tiempito, pasearé por París como cuentan...
Me vino toda la inquietud por conocer a Amanda.
Besos para usted, amigo querido; en medio del ajetreo diario de este gris Santiago chileno, es un gusto saber que has paseado por verdes parajes sintiéndote un hobbit. No sabes cuánto añoro descalzarme para sentir el suave pasto en la planta de mis pies mientras el sol me abriga las sienes... Por suerte, los frentes polares ya están cediendo; con algo de ayuda divina, de aquí a un par de semanas contaremos con días de sol en Santiago de Chile.
Cariños, miles!!!!

27/7/07 12:43 AM  

Buenos días:
como podrás imaginar conozco el sitio, te has olvidado hablar del chorro o chorrera.
Dejé de ir cuando prohibieron entrar con perros, suelo pasar cuando voy a Pedraza, por lo que leo, sigue igual de tranquilo y silencioso.
Me gusta la forma de escribir sobre un amigo, en este caso amiga.
Estoy en la Alpujarra.
Saludos

27/7/07 1:43 PM  

Mallén, ahora que se acaba vuestro duro invierno, no se me resfríe.

Hermoso lugar, luna, ahora se debe de estar de miedo... Otro día hablaré de los chorros, tienes razón. Un beso.

27/7/07 3:55 PM  

Hola. Estoy de nuevo por aquí. Veo que sigues en forma intelectual y humana. Te frecuentaré. Un abrazo, roberto.

30/7/07 1:01 PM  

Eres hombre de familia, rythm, no pierdas nunca esa condición, jamás tendrás nada que se le parezca. Un abrazo.

30/7/07 5:33 PM  

¡Roberto! Qué gran noticia tenerte por aquí. Acabo de ver también tu primer post después de un largo silencio. Bienvenido.

Un abrazo, amart, eso espero: mantenerme así y tratar, siempre, de mejorar.

30/7/07 8:23 PM