miércoles 26 de marzo de 2008

Maestro Hierro


Nada mejor para reconciliarse con la palabra que la poesía intensa, mineral, de José Hierro.

TRES VENTANAS

Aquí no hicieron alto nunca
el sol del mediodía, el zumbido del viento.
(Demasiado al norte este patio, este pozo,
este hueco prismático y sombrío
sin noticia de las estaciones.)
Tan sólo una pareja de palomas
baja, de cuando en cuando,
y condecora los alféizares
con estigmas de lepra nauseabunda.
Después, desaparece.

Estrechas, casi góticas, tres ventanas intentan
contradecir la lobreguez endémica,
la tarea paciente del humo y de la lluvia
con su luz de oro enfermo.
En la central (imperio mágico del gato
y del pez, prisionero en su pecera),
dos siluetas ancianas tras los cristales turbios
representan, día tras día,
su minúscula historia:
he aquí el Gran Teatro del Mundo.

Probablemente era ya vieja la casa
cuando llegaron ellos, presuntamente jóvenes.
Aquí cursaron el aprendizaje
de envejecer. Tienen ahora
-la casa y ellos-
idéntica vejez, impermeable a las horas.

En el sofá, codo con codo
imantados por la fosforescencia
de la pantalla del televisor
esperan (no lo saben, no mires) la llegada
de la nave que habrá de conducirlos
a la tierra de promisión, al paraíso olvidado.

Y esto es todo. Y siempre. Y nunca.
Dan las agujas del reloj
nuevas de la llegada de la noche.
Simultáneas, las sombras se levantan.
Se extingue la luz de hoja seca.
Unos minutos o unos siglos después
(aquí el tiempo no cuenta)
se encienden las ventanas laterales
a cada lado del espacio oscuro
en el que el gato ronronea
y el pez sueña riberas de jade tembloroso.
Poco después se apagan.
He aquí el Gran Teatro de la Sombra.

Los cuerpos, acostados, remotos
oyen idénticas palabras
llegadas de la misma estación emisora,
con la radio pegada a la oreja,
muy baja de volumen
para no molestar a los vecinos.

(De su Cuaderno de Nueva York, 1998)

4 comentarios:

Triste..., pero más triste aún sería, que la sombra fuera una única sombra.
Besos con tintura de sol primaveral, una brisa suave, alas de mariposa, para el lóbrego callejón y, por supuesto, para ti.

27/3/08 8:10 AM  

Una poesía magnífica y terrible, en efecto. Besos lludrieta.

27/3/08 5:22 PM  

¿Dejas que te muestre una pintura de un amigo también desaparecido?.
No ha dejado de volar por el subconsciente en toda la lectura del poema.

29/3/08 2:17 PM  

Ni hecho a propósito, amigo. Impresionante (y hermosa la anécdota de tu post). Un saludo.

29/3/08 6:08 PM